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domingo, 30 de julio de 2017

"En el piso de abajo" de Margaret Powell

Subtítulo: Memorias de una cocinera inglesa en los años 20

En la primera casa en que entró a trabajar como pinche de cocina, a los quince años, Margaret Powell se quedó atónita cuando le dijeron que, entre sus tareas, figuraba la de planchar los cordones de los zapatos. La señora de la casa le prohibió, además, entregarle en mano cualquier cosa: siempre tenía que ser «en bandeja de plata». Era la Inglaterra de los años 20, y en ella una chica empleada en el servicio doméstico tenía que mentir a los chicos si quería encontrar novio: ellos las llamaban «esclavas».

En el piso de abajo son las memorias de una mujer sedienta de educación que no comprende que, cuando pedía un libro de la biblioteca de sus señores, éstos la miraran incrédulos y espantados. Con el tiempo, aprendió por su cuenta y en 1968 publicó este libro, que ha sido la fuente reconocida de inspiración de series como Arriba y abajo y Downton Abbey, pero mucho más incisiva e intencionada que ellas. En el sótano, a «ellos» (como llamaban a los señores), se les hacía «una especie de psiconálisis de cocina, sin cabida para Freud. Creo que nosotros sabíamos de la vida sexual ajena mucho más de lo que él llegó a saber nunca».

Penetrante en su observación de las relaciones entre clases, libre y deslenguada en la expresión de sus deseos, Margaret Powell nos cuenta qué significaba para los de abajo preparar las cenas de seis platos de los de arriba. Un documento excepcional.


Libro autobiográfico de la autora en la que nos narra su infancia, dura aunque feliz, y más tarde los años que trabajó en el servicio doméstico, primero como pinche y luego como cocinera.

Desde su punto de vista, vemos los entresijos de lo que sucedía en las casas de las familias pudientes, pero no entre los dueños de la casa, sino entre los sirvientes. Toda una microsociedad digna de estudio.

Si, como os decía al principio, cuando narra su infancia se nota que es feliz, cuando relata sus años de pinche y cocinera destila la amargura y el desprecio. Amargura por dedicarse a un trabajo que no le gustaba, y desprecio por los que eran sus jefes, y un sistema clasista incluso entre los mismos criados. Ella misma peca de ese mismo clasismo, a veces.

1 comentario:

  1. Me parece de lo más atractivo, desde luego me ha llamado la atención, así que lo buscaré y si acaso lo acabo leyendo, vuelvo por aquí.

    Saludos.

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